Dar lugar a los abortos en el árbol familiar: una nueva mirada sobre la maternidad y los proyectos
Hay experiencias que duelen sin haber sido nombradas. Pérdidas que no se hablan, pero que pesan. Ausencias que parecen no existir, pero siguen vivas en el cuerpo y en el alma de quienes vienen después.
En las constelaciones familiares aprendemos que todo lo que no se dice, se repite. Todo lo que se excluye, busca una forma de volver a ser visto. Y esto es especialmente cierto cuando hablamos de abortos —espontáneos o provocados— que han quedado en el silencio de las generaciones anteriores.
Cuando un hijo no tiene lugar, la vida se desordena
Tanto en mi proceso personal como en el de muchas mujeres a las que he acompañado, he visto cómo la falta de reconocimiento a esos bebés que no nacieron puede manifestarse en bloqueos muy concretos: dificultad para concebir, pérdidas gestacionales, miedo a la maternidad, o incluso dificultades para sacar adelante proyectos creativos o profesionales.
¿Por qué? Porque a nivel inconsciente, el sistema familiar guarda memoria. Y cuando un hijo no tiene lugar en el árbol, otro vendrá a ocuparlo… aunque no le corresponda.
La historia oculta de mi linaje
Durante mucho tiempo no entendía por qué me costaba tanto ser madre. Tampoco por qué mi hermana vivía bloqueos similares. Fue a través de una constelación que emergió una verdad que hasta entonces nadie había compartido: mi madre, y antes mi abuela, habían tenido abortos que nunca se nombraron.
No por maldad, ni por falta de amor. Simplemente, por dolor, por falta de tiempo (había que sacar adelante muchos hijos) o porque en su época “eso no se hablaba”.
Pero lo no dicho, no se olvida. Queda suspendido en el alma del sistema. Y los hijos que llegan después cargan, sin saberlo, con esa lealtad invisible.
Lealtades que nos alejan de nuestros propios hijos (o proyectos)
Desde la mirada sistémica, no poder tener hijos o sentir que todo se interrumpe antes de florecer puede ser una forma inconsciente de mantener viva la memoria de esos bebés que no llegaron.
También puede expresarse como:
- Proyectos que no prosperan o se abandonan sin razón.
- Vínculos que se enfrían o se disuelven sin explicación lógica.
- Sentimientos de vacío, sin comprender por qué.
Todo lo que no tiene un lugar, lo busca.
Un pequeño gran acto: incluir
Incluir no es dramatizar. Es dar un lugar desde el amor y la verdad. Nombrar. Reconocer. Agradecer.
👣 Puedes hacer un pequeño ritual simbólico en casa:
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Escribe en un papel: “Honro tu paso por nuestra familia. Aunque breve, dejaste huella. Te doy un lugar en mi corazón y en nuestro árbol.”
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Si sabes quién fue la madre (tú, tu madre, tu abuela…), visualiza ese bebé a su lado, dándole el lugar que le corresponde en el orden de hijos.
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Si lo deseas, enciende una vela o planta una flor en su honor.
Sentirás cómo algo se acomoda internamente. Es el alma diciendo “gracias”.



